sábado, 31 de octubre de 2026

Oración a Jesús Cautivo de Medinaceli por todos los Fieles Difuntos




ORACIÓN 

J esús Cautivo de Medinaceli,
ponemos en tus manos amorosas
a nuestros hermanos y hermanas
que has llamado de esta vida a tu presencia.

En esta vida les demostraste tu gran amor,
y ahora que ya están libres de toda preocupación
concédeles pasar con seguridad las puertas de la muerte
y gozar de la luz y la paz eterna.

Habiendo terminado su vida terrena recíbelos en el paraíso,
en donde ya no habrá tristeza ni dolor,
sino únicamente felicidad y alegría con Jesús, tu Hijo,
y con el Espíritu Santo, para siempre.

Amén.

Por todos nuestros seres queridos.

En este día se celebran a todos los millones de personas que han llegado al cielo, aunque sean desconocidos para nosotros. Santo es aquel que ha llegado al cielo, algunos han sido canonizados y son por esto propuestos por la Iglesia como ejemplos de vida cristiana.

Su intercesión es su más alto servicio al plan de Dios. Debemos rogarles que intercedan por nosotros y por el mundo entero.

Este día es una oportunidad que la Iglesia nos da para recordar que Dios nos ha llamado a todos a la santidad. Que ser santo no es tener una aureola en la cabeza y hacer milagros, sino simplemente hacer las cosas ordinarias extraordinariamente bien, con amor y por amor a Dios. 

jueves, 29 de octubre de 2026

 

" Dios es bueno"


COFRADÍA DE JESÚS CAUTIVO DE MEDINACELI DE HUERTA DE VALDECARÁBANOS


La Cofradía de Jesús Cautivo de Medinaceli de Huerta de Valdecarábanos quiere expresar su más sentido pésame a los familiares y amigos por tan irreparable pérdida en el accidente de Urda.


En estos momentos de dolor, nos unimos a su tristeza y elevamos una oración a Nuestro Padre Jesús Cautivo de Medinaceli para que les conceda consuelo, fortaleza y esperanza.


Que el Señor les acompañe en estos difíciles momentos y que el recuerdo de su ser querido permanezca siempre vivo en sus corazones.


Descansen en paz.


Con todo nuestro cariño y nuestras más sinceras condolencias.

viernes, 16 de octubre de 2026

Pange Lingua



Pange lingua gloriosi

corporis mysterium

Sanguinisque pretiosi

quem in mundi pretium

Fructus ventris generosi

rex effudit gentium


Nobis datus nobis natus

ex intacta virgine

Et in mundo conversatus

sparso verbi semine

Sui moras incolatus

miro clausit ordine


In supremae nocte coenae

recumbens cum fratibus

Observata lege plene

cibis in legalibus

Cibum turbae duodenae

se dat suis manibus


Verbum caro, ponem verum

verbo carnem efficit

Fingue sanguis Christi merum

Et si sensus deficit

Ad firmandum cor sincerum

Sola fides suffiti


Tamtun ergo Sacramentum

Veneremur cernui

Et antiqum documentum

Novo cedat ritui

Praestet fides supplementum

Sensuum defectui

Genitori genitoque

laus et jubilatio

Salus honor virtus quoque

sit et benedictio

Procedenti ab utroque

Compar sit laudatio


Amén 


viernes, 27 de marzo de 2026

Jesús CAUTIVO

JUEVES SANTO

PROCESIÓN EXTRAORDINARIA

C A U T I V O

Procesión de la Pasión del Señor
Jueves , 2 de Abril de 2026
a las 21:00 h
Iglesia Parroquial de San Nicolás de Bari 

domingo, 15 de febrero de 2026

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martes, 20 de enero de 2026

Jesús de Medinaceli

"En los momentos que Dios parece distante,
Él está más cerca que nunca del corazón que confía."

San Juan Pablo II

Santísimo Cristo, Jesús de Medinaceli

Reflexionemos sobre uno de los momentos más desgarradores de la historia de la humanidad: el juicio y condena de Jesucristo. Aquel que no conoció pecado fue llevado como un cordero al matadero, abandonado por sus amigos, rechazado por los líderes religiosos y sentenciado por la multitud que días antes lo había aclamado como Rey. Este momento, cargado de injusticia, humillación y abandono, no fue un accidente de la historia, sino el cumplimiento perfecto de un plan divino: la salvación de la humanidad.

"He resucitado y ahora estoy siempre contigo.
Mi mano te sostiene.
Dondequiera que tú caigas, caerás en mis manos.
Estoy presente incluso en las puertas de la muerte, donde ya nadie puede acompañarte y donde tu no puedas llevar nada. Allí te espero yo, y para ti transformaré las tinieblas en luz".

Jesús, el Hijo de Dios, compareció ante el Sanedrín, Herodes y Pilato, cada uno representando un aspecto de la humanidad caída. Los líderes religiosos, cegados por su orgullo y temor a perder poder, lo acusaron falsamente. Pilato, representante del poder político, reconoció su inocencia, pero sucumbió a la presión de la multitud para preservar su posición. Y el pueblo, manipulado y temeroso, eligió liberar a un criminal en lugar del justo. En cada uno de ellos podemos ver reflejada nuestra propia fragilidad: la hipocresía, la indiferencia y el egoísmo que nos apartan de Dios.

Jesús no intentó defenderse. Cuando le preguntaron si era el Rey de los judíos, respondió serenamente: "Tú lo dices" (Marcos 15:2). No apeló a su poder ni pidió compasión. En su silencio ante las falsas acusaciones, cumplió las palabras del profeta Isaías: "Como cordero fue llevado al matadero, y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció y no abrió su boca" (Isaías 53:7). Este silencio no era resignación, sino un acto de entrega. En ese juicio terrenal, Jesús no buscaba defenderse, porque sabía que estaba obrando para un juicio celestial en el que Él sería nuestro intercesor.

Cuando la multitud clamó: "¡Crucifícalo!", Jesús no los condenó en su corazón. En su mirada no había odio ni resentimiento, sino un amor que desbordaba comprensión. Él no los veía como enemigos, sino como ovejas sin pastor. Su condena no fue producto de la fuerza humana, sino de su propia voluntad. Jesús había declarado: "Nadie me quita la vida; yo la doy por mi propia voluntad" (Juan 10:18). Incluso en medio de aquella injusticia, Él seguía siendo el Señor, controlando los acontecimientos, dirigiéndose voluntariamente al sacrificio que nos redimiría.

En este momento de abandono absoluto, cuando sus discípulos huyeron y los líderes religiosos lo despreciaron, Jesús estaba cargando con la soledad de todos nosotros. Estaba enfrentando el rechazo que merecíamos por nuestro pecado. Pero lo hizo por amor. Su condena no fue solo un acto de injusticia humana; fue el acto supremo de justicia divina. Fue el precio que se necesitaba pagar para reconciliar al hombre con Dios.

El juicio de Jesús es un espejo que nos confronta. ¿Cuántas veces, como Pilato, hemos cedido a la presión para evitar el costo de la verdad? ¿Cuántas veces, como la multitud, hemos elegido lo cómodo sobre lo correcto? Pero también es una puerta abierta a la gracia. Jesús aceptó la condena que merecíamos para que nosotros pudiéramos recibir la vida que solo Él podía ofrecer.

Hoy, al contemplar este momento de la condena de Jesús, recordemos que Él no fue vencido por el poder de sus enemigos, sino que se entregó por el poder de su amor. Y es precisamente este amor el que nos llama a responder con una vida transformada.

Que su sacrificio no sea en vano en nuestras vidas. Que aprendamos a vivir en verdad, justicia y misericordia, sabiendo que Él fue condenado para que nosotros pudiéramos ser libres.

Amén.